OSWALDO GARCIA: la política que nace del diálogo y la comunidad
- Prego Nerosai
- 10 ene
- 2 Min. de lectura
En un escenario político marcado por la desconfianza ciudadana, la improvisación y la distancia entre los elegidos y la gente, la voz de Oswaldo García Ortiz —conocido popularmente como Pimpi— irrumpe con un tono distinto: el de la política que se construye desde la conversación, el respeto y la experiencia. en 2026 L103

Su intervención reciente deja claro que no estamos frente a un discurso de ocasión ni a una candidatura basada únicamente en estructuras económicas o maquinarias. Pimpi apela a dos fuerzas que, según sus propias palabras, mueven el mundo: el amor y la voluntad. Y en su caso, la voluntad de trabajar por San Andrés, Providencia y Santa Catalina no es una promesa vacía, sino una narrativa que se respalda en su paso por la Asamblea Departamental, en su ejercicio de control político y en su coherencia personal.
Uno de los conceptos más potentes que deja su discurso es el del voto de confianza. No como un favor que se pide, sino como un reconocimiento que se gana. García Ortiz entiende que la confianza ciudadana se construye con hechos, con presencia, con debates firmes pero respetuosos, y con la defensa de la dignidad de un territorio plural, multicultural y profundamente sensible como el archipiélago.
Su mirada sobre la representación política va más allá del cargo. Reconoce que la Cámara de Representantes no es una extensión de la Asamblea, sino un escenario de mayor responsabilidad, donde la preparación jurídica, el conocimiento del Estatuto Especial (Ley 47), del régimen fronterizo y de las dinámicas geopolíticas del Caribe no son opcionales, sino indispensables. En ese sentido, su énfasis en el estudio permanente y en la no improvisación marca una diferencia clara frente a prácticas políticas que tanto daño le han hecho al departamento.
Otro punto clave de su reflexión es la economía informal. Lejos de caer en el discurso punitivo o simplista, Pimpi aborda el tema desde la pedagogía, la corresponsabilidad y el componente humano. Reconoce la realidad económica de la isla, pero insiste en que el desarrollo sostenible no puede desligarse de la solidaridad, la cultura del aporte y el sentido comunitario. Su mensaje es claro: no hay solución mágica, pero sí ejemplos que pueden transformar mentalidades.
Finalmente, su visión de la política como un ejercicio profundamente humano atraviesa todo su discurso. Habla desde la experiencia personal, desde las dificultades, desde la familia, desde la comunidad. Para él, el mayor valor agregado de cualquier sociedad es su gente, y es ese dolor, esas necesidades y esas esperanzas las que pretende llevar al Congreso de la República.
En tiempos donde la política suele alejarse del ciudadano común, Oswaldo García Ortiz propone lo contrario: acercarse, escuchar y dialogar. Queda en manos de los electores decidir si esa apuesta por la conversación, el respeto institucional y la identidad territorial merece convertirse en una voz del archipiélago en el escenario legislativo nacional.








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