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Escuchar para Transformar: el compromiso de Bradison Fernández con el corazón productivo de nuestras islas

  • Foto del escritor: Prego Nerosai
    Prego Nerosai
  • hace 5 días
  • 2 Min. de lectura

En el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina el progreso no nace en los escritorios, ni se decreta desde la distancia. Se construye en el territorio, conversando con quienes sostienen día a día la economía insular, con quienes entienden que cada decisión nacional tiene un eco directo en el bolsillo, el empleo y la estabilidad social de las islas.

Bajo esa premisa, la frase “escuchar para transformar” no es solo un lema de campaña, sino una declaración de método. Implica reconocer que la política, para ser efectiva en un territorio insular, debe nutrirse de la experiencia acumulada de empresarios, trabajadores, líderes comunitarios y sectores productivos que han resistido crisis económicas, temporadas bajas de turismo y los desafíos logísticos propios de la condición marítima.


La alianza entre lo público y lo privado: una necesidad, no un eslogan

En territorios continentales, la coordinación institucional puede ser compleja; en territorios insulares, es vital. La distancia geográfica, los altos costos de transporte y la dependencia de servicios estratégicos hacen que la relación entre el Estado y la empresa privada no sea un lujo ideológico, sino una condición de supervivencia económica.

El diálogo sostenido con actores empresariales como Provigas simboliza esa comprensión de realidad. Más allá de ser una compañía de servicios, representa décadas de presencia continua, generación de empleo y garantía de un suministro esencial para hogares y comercios. Escuchar a este tipo de organizaciones no es un gesto electoral: es reconocer que la estabilidad de la vida cotidiana también se construye desde la infraestructura invisible que mantiene encendida una estufa, un negocio o un hotel.


Conciencia territorial y representación informada

La discusión nacional sobre transición energética, descentralización y fortalecimiento regional suele tener matices distintos cuando se aterriza en el Caribe insular. Allí, cada reforma o ley puede traducirse en costos operativos más altos, en cambios en la matriz energética o en nuevas exigencias logísticas que impactan directamente al empleo local.

Por ello, la idea de una representación parlamentaria informada cobra un peso especial. No se trata únicamente de ganar un escaño, sino de llegar con conocimiento previo de los retos reales: transporte marítimo, sostenibilidad ambiental, competitividad turística, costos de importación y protección del empleo isleño.


Más que campaña, construcción de confianza

El valor simbólico de estos encuentros radica en que envían un mensaje de cercanía con la economía real. En un entorno donde la ciudadanía suele desconfiar de la política tradicional, la escucha activa se convierte en una herramienta de legitimidad. No es prometer soluciones inmediatas, sino comprometerse con procesos de diálogo permanentes.

En síntesis, la narrativa de “escuchar para transformar” refleja una visión que entiende que el Archipiélago no necesita improvisaciones legislativas, sino interlocutores capaces de traducir la voz local en decisiones nacionales. Porque en las islas, más que discursos, se valoran los puentes: entre lo público y lo privado, entre la tradición y la modernidad, y entre la representación política y la realidad cotidiana de su gente.


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