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Ciencia, tecnología y resiliencia: así avanza el proyecto de gestión del riesgo en San Andrés y Providencia

Foto del escritor: Prego Nerosai
Prego Nerosai
21 may
3 min de lectura

Con una apuesta centrada en la ciencia, la tecnología, la innovación y el conocimiento comunitario, investigadores nacionales e internacionales, junto a instituciones locales y académicas, avanzan en la fase final de un ambicioso proyecto de fortalecimiento de la gestión del riesgo de desastres en el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina.


La iniciativa, liderada por la Universidad Nacional de Colombia y financiada a través de convocatorias de Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de Colombia y el Sistema General de Regalías, completa ya tres años y medio de ejecución y entra en su etapa de cierre y transferencia de conocimiento a las instituciones y comunidades isleñas.

Durante una jornada de rendición de cuentas y diálogo comunitario, la coordinadora del proceso, Adriana Santos, explicó que el proyecto reúne a diez entidades que trabajan de manera articulada para desarrollar acciones de restauración ambiental, monitoreo climático, mitigación de riesgos y fortalecimiento de la resiliencia territorial.

“Estamos realizando un proceso de transparencia y control social para contarle a la comunidad cómo venimos trabajando en acciones concretas para la restauración, la mitigación y el aumento de la resiliencia en las islas”, señaló.

Investigación sobre vulnerabilidad y derechos humanos

Uno de los componentes más destacados ha sido liderado por la investigadora isleña Carolina Velásquez Calderón, doctora en Gestión y Ciencia de Desastres y profesora de la Florida State University.


Velásquez explicó que el proyecto nació a partir de las lecciones dejadas por el paso del huracán Iota en Providencia y Santa Catalina. Las investigaciones abordaron temas relacionados con vulnerabilidad social, infraestructura, saneamiento básico, agua potable, residuos sólidos, sectores económicos y derechos humanos.

“Analizamos cómo el desastre impactó a la población y cómo también surgieron procesos de resistencia y resiliencia del pueblo raizal”, expresó.

Dentro de los resultados se encuentra la construcción de insumos de política pública para las autoridades locales, además de estudios pioneros como la primera encuesta de percepción del riesgo frente a ciclones tropicales y vulnerabilidad por marea de tormenta en el archipiélago.

Asimismo, se elaboraron herramientas pedagógicas en español, inglés y creole dirigidas a colegios y comunidades, incluyendo cursos virtuales gratuitos, guías de preparación ante desastres, publicaciones científicas y el libro “Rostros de Resiliencia”.


Restauración coralina y soluciones basadas en la naturaleza

Otro de los componentes fundamentales del proyecto es la restauración de arrecifes coralinos y la mitigación de la erosión costera, liderado por el investigador mexicano Amílcar Levi Kupul Magaña, profesor de la Universidad de Guadalajara.

El experto explicó que actualmente se desarrollan trabajos de restauración en cuatro puntos estratégicos de las barreras coralinas del archipiélago, mediante monitoreo científico y siembra de fragmentos de coral.

Además, el proyecto implementa “soluciones basadas en la naturaleza”, utilizando estructuras especiales conocidas como “ripples”, diseñadas para reducir la fuerza del oleaje y facilitar el crecimiento de nuevos corales.

“Estas estructuras amortiguan el efecto del oleaje y, conforme los corales crecen sobre ellas, aumentan la protección natural contra la erosión costera”, explicó el investigador.

El monitoreo también ha permitido analizar el impacto del huracán Iota y del fenómeno global de blanqueamiento coralino registrado en 2023 por estrés térmico, el cual provocó alta mortalidad de arrecifes en la región.

Según Kupul Magaña, la degradación coralina no solo afecta el ecosistema marino, sino también la pesca, la seguridad alimentaria y el turismo, pilares fundamentales de la economía isleña.

“Si los corales se deterioran y desaparecen los peces, también se afecta el bienestar humano y el atractivo turístico del archipiélago”, advirtió.


Tecnología local para monitorear el clima

El proyecto también incorpora un importante componente tecnológico desarrollado desde el territorio. George Archibald Taylor, director de la Corporación Laboratorio al Campo, explicó que se implementó un sistema abierto de información y monitoreo climático para almacenar y compartir gratuitamente todos los datos generados.

Dentro de esta estrategia se instalaron estaciones meteorológicas prototipo desarrolladas con tecnología local en San Andrés y Providencia.

Las estaciones tienen capacidad para medir precipitación, temperatura, humedad relativa, velocidad y dirección del viento, radiación solar y otras variables climáticas clave.

“Son estaciones autónomas que funcionan con energía solar y permiten generar datos útiles para investigadores, docentes y comunidades”, explicó Taylor.


Actualmente, los sistemas se encuentran en fase de validación y podrían convertirse en herramientas fundamentales para mejorar las capacidades de predicción y preparación frente a fenómenos climáticos extremos durante las próximas temporadas ciclónicas.




Un legado para las futuras generaciones

Los investigadores coincidieron en que el objetivo principal del proyecto no es únicamente producir conocimiento científico, sino garantizar que las herramientas, estudios y capacidades construidas permanezcan en el territorio y sigan fortaleciéndose a futuro.

“Queremos entregar estos tesoros a nuestros herederos y que continúe esta labor. El conocimiento es dinámico y los problemas continúan, por eso debemos seguir fortaleciendo la resiliencia del archipiélago”, concluyó Adriana Santos.


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